ZORZAL

por Lila Ortega on diciembre 1, 2007 · 0 comentarios

Ciudad: Madrid.
Dirección: San Bernardino, 13
Teléfono : 91 541 20 26.
Precio: Muy variable: puedes comer por 25€ y subir la cuenta hasta los 40€ según plato. Precio medio 30€.
Primera impresión: la cocina regional esta asociada a locales rústicos o demasiado clásicos en los que el buen yantar es el único objetivo. En Zorzal los platos de toda la vida se visten de luces.

Al entrar te hallarás en un espacio sobrio y casi frío en el que los muros son todo un espectáculo, algunos recubiertos de pequeñas baldosas color cobre brillante, junto a otros en color marfil con una textura especial… Las mesas amplias y bien vestidas, un experto jefe de sala que te hace sentir en casa, y una carta con platos tradicionales con toques únicos, en los que estofados, platos de cuchara, y productos frescos de temporada son sus signos de identidad. ¿Qué más se puede pedir? “Salir ligero después de arrearte montones de buñuelos de bacalao o jamón de jabugo, un plato de estofado o de cuchara y un postre” dice mi amiga que vive a régimen. ¡CONCEDIDO! Aquí puedes aspirar a todo esto, pues en Zorzal consiguen que los platos más contundentes sean suaves con tu estómago…

Fui con dos acompañantes que conocían Zaranda, el hermano mayor (con estrella Michelín) que ocupaba antes esta sala. Venían con grandes expectativas como yo. De aperitivo, un chupito de crema fina de marmitako que combinaba la intensidad del pescado con la textura etérea de una espuma. Era un milagro: con un solo bocado pude aprehender siglos de tradición culinaria. Entre los primeros: mariscos, jamón, croquetas, buñuelos de bacalao, foie, mini embutidos calientes… llegar a acuerdos fue casi imposible. Pero lo hicimos: croquetas de jamón ibérico que a diferencia de muchas, estaban pobladas de tropezones de magnífica calidad. También unas anchoas de Santoña, en su punto de sal, acompañadas de pan de yogur y tomate fresco; y una sabrosa ensalada de sardina escabechada que, tierna pero firme, reposaba en un tostado panecillo de algarroba aderezado con confitura de tomate. La intensidad del pescado atemperaba gracias a los acompañantes: pero ojo, es un plato muy contundente más apto para compartir. Acompañamos con un Agaliu (DO Costers del Segre) fresco, ligero y aromático. De segundos pochas con almejas que en un muy buen fondo con tomate, brillaban adornadas por dos bivalbas gordas regadas con un ajillo suave. Deliciosas y reconfortantes. También, vieiras estofadas con lentejas verdes del Puy que tuvimos que compartir para evitarme un colapso. Su aroma terrestre se mezclaba perfecto con el aire marino de la vieira, un crujiente de panceta daba la estocada final a un plato completo, de esos que te hacen cerrar los ojos al probar cada bocado. Y, carrillera de cerdo con pimentón ahumado que estaba monumental. De postre, la estrella de la casa: brioche empapado de nata fresca y huevo caramelizado, que levanta pasiones, y tarta de manzana (una entera en cada ración) con el hojaldre en su punto, acompañada de sorbete de mandarina. Nuestras expectativas fueron colmadas por 30€ por cabeza.


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