LA POLPA

por Lila Ortega on Noviembre 3, 2006 · 0 comentarios

Ciudad: Barcelona.
Dirección: Enric Granados, 69.
Teléfono: 93 323 83 08.
Precio medio: 20-25€, menú del día 9€.

BUENO, BONITO Y BARATO.
Estoy cansada de la granjita de la esquina. Desde que como allí han proliferado los michelines. La otra tarde pedí tosta de jamón que tenía ajos como para garantizar que Drácula se quedará en Transilvania, esa tarde para peor, tuve reunión con el Alemán y no fueron suficientes las pastillitas para el aliento que me trajo Lola de Chicago. Mientras alguien hablaba de los presupuestos, yo tomé la sabia decisión de darle a las comidas de cada día la dignidad que merecen. Nunca mas comidas de intendencia, que se, que por el mismo precio podría comer como una reina y salir tan ligera como una pluma. Me encaminé hacia la Polpa: perfecto ejemplo de restaurantito resultón de las tres B. Sin hacer inversiones desmedidas en diseño destila buen gusto. Se puede comer bien y con estilo todos los días, y no morir en el intento, ni dejarte la nómina.

No tiene un chef de renombre pero si alumnos bien aventajados de las mejores escuelas de hostelería. Ofrece platos sencillos y bien resueltos a precios muy correctos. Su decoración es cálida con suelos de parquet, muros y muebles de impecable blanco, grandes espejos, y lámparas bajas, salpicada con detalles de diseño. La música suave, tirando a New age, sin ese toque almibarado propio de consulta naturista. Hay señoras guapas y juveniles hablando de sus hijas púberes, un par de Barbies de 25 con los cascos de sus motos de última generación y ejecutivos junior (alguno parece salido de una página del Vogue). Aunque ofrecen un provocativo menú del día por sólo 8.90€ me lancé a la carta. Pedí tartinas (son dos) de verduras con romesco que aunque sabrosas, me decepcionaron pues los vegetales eran escasos (láminas casi invisibles de calabacín, berenjena, un trozo de buen tomate seco y esparraguito verde al dente) y descansaban sobre una galleta de aceite demasiado gruesa. Mientras mis vecinas del menú comían una ensalada de lentejas que habría exaltado al impulsivo Caín. Después, pedí tataki de atún con abundante guacamole (de textura suave), y chips de plátano macho. El pescado aromático y cubierto de semillas de sésamo y con buen corte, marinado con ¿jengibre? que se percibía ligeramente al final del bocado, como un roce furtivo y esperado. Estaba pasado de punto, pero los sabores estaban bien conseguidos: fue como encontrarme a mi primer amor y ver que no era tan alto como recordabas. Me sentía a gusto ahí. Mi apreciación inicial seguía vigente: se puede comer bien y con estilo todos los días, y no morir en el intento, ni dejarte la nómina. El postre: Dos plátanos envueltos de pasta brik frita cubiertos de una intensa y bien lograda salsa de chocolate. Todo menos ligero. La cuenta 23€ por cabeza, sin vino.


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