SPEAKEASY

por Lila Ortega on Julio 22, 2006 · 2 comentarios

Ciudad: Barcelona.
Dirección: Aribau, 162.
Teléfono: 93 217 50 72.
Precio Medio: 50€ sin vino.

De lo mejor. Un lugar exclusivo en el que serás único. servicio impecable, música selecta, ambiente interesante y buena, buenísima cocina. Un plato imprescindible son los huevos fritos de payés con foie gras y verduritas. Cuando llegó a mi mesa todas mis funciones corporales se activaron. El primer bocado fue una explosión de sabores de la tierra, familiares pero a la vez únicos ¿cómo pueden ser tan buenos unos huevos fritos? El misterio está en el balance de las verduras cortadas en chips y casi transparentes, en el foie fresco de impecable calidad y el aceite purísimo. Mi compañero, muy frugal pidió ensalada de tomate y ventresca de bonito que resultó mas contundente y exquisita de lo previsto. – Bien- dije, no tendrás ocasión de renunciar al placer ni aunque lo quieras: anchoas de buen tamaño abrazando un picadito de verduras y la lechuga tan viva que parecía de foto publicitaria. Después él tomó lomo de bacalao con caldito de setas de temporada y graten de piñones que olía a hierbas y tenia un fondo de espinacas y trazas de anís, la suavidad del caldo con el pescado fresco y en su punto le dio placer sin remordimientos. Yo, salteado de vieiras (tiernas, de buen tamaño y aroma) con chop suey de verduritas en julianas pequeñísimas, demasiado para mi gusto, regadas con soja. De postre: crumble de pistacho, frutos rojos con helado de vinagre de módena y chibouse de azafrán que estaba denso y exquisito, apto para cuando no has quedado muy lleno, y crema de jengibre y frutos rojos con sorbete de limón y mermelada de flor de naranja, fresco, ligero y poderoso.

Nos pisaban los talones, teníamos que entrar rápido. Adentro había humo de tabaco y chocar de las copas de champagne. Con apenas un gesto nos llevaron hacia una puerta cerrada al final de la barra, esquivamos cajas, taburetes y una pequeña cocina que se abría sobre el estrecho pasillo con chicos de impecable blanco. Seguimos mientras coincidíamos con personas del servicio que tenían que pegarse a la pared para permitir nuestro paso. Llegamos a la bodega con su estética de botellas de vino, luces bajas y guacales de madera. Un típico Speakeasy de los años 20’, esos almacenes clandestinos donde se podían beber los mejores licores durante la ley seca en Estados Unidos en los locos años 20’. Me trasladé a esos años dorados y lamenté no estar ataviada con mis vertiginosos tacones de puntilla o con mi largo collar de cuentas grandes. Había una mesa muy larga puesta sólo para siete comensales y otras redondas amplias y cómodas. Había gente variopinta: un grupo presidido por una mujer de setenta con el “disfraz” de Mater familias de la burguesía catalana, acompañada del consorte, sus hijos cuarentones y cónyuges, en lo que parecía la celebración de un cumpleaños; mas allá una pareja de ingleses (que comían rapidísimo) en los tempranos treinta. Nos sentamos en las cómodas butacas como si llegáramos de la guerra. De fondo la deliciosa voz de Glen Miller. De aperitivo: tartar de salmón con lentejas, un minúsculo y sabroso mar y montaña; avellanas al curry caramelizadas y levemente picantes y espuma de foie, suave, aérea y perdurable. Nos quedamos en silencio, felices de haber escapado de los pesados de la oficina. Hay lugares que son sólo para elegidos y el Speakeasy es la madre de todos. Pedí huevos fritos de payés con foie gras y verduritas, el primer bocado fue una explosión de sabores de la tierra, familiares pero a la vez únicos ¿cómo pueden ser tan buenos unos huevos fritos? El misterio está en el balance de las verduras cortadas en chips y casi transparentes, en el foie fresco de impecable calidad y el aceite purísimo. Mi compañero, muy frugal pidió ensalada de tomate y ventresca de bonito que resultó más contundente y exquisita de lo previsto. – Bien- dije, no tendrás ocasión de renunciar al placer ni aunque lo quieras: anchoas de buen tamaño abrazando un picadito de verduras y la lechuga tan viva que parecía de foto publicitaria. Después él tomó lomo de bacalao con caldito de setas de temporada y graten de piñones que olía a hierbas y tenia un fondo de espinacas y trazas de anís, la suavidad del caldo con el pescado fresco y en su punto le dio placer sin remordimientos. Yo, salteado de vieiras (tiernas, de buen tamaño y aroma) con chop suey de verduritas en julianas pequeñísimas, demasiado para mi gusto, regadas con soja. De postre: crumble de pistacho, frutos rojos con helado de vinagre de módena y chibouse de azafrán que estaba denso y exquisito, apto para cuando no has quedado muy lleno, y crema de jengibre y frutos rojos con sorbete de limón y mermelada de flor de naranja, fresco, ligero y poderoso.

{ 2 comentarios… léelos a continuación o añadir uno }

El Deivid Julio 30, 2006 a las 3:58 pm

Me ha llegado lo del huevo con verdudas; el cómo un simple huevo, adecuadamente combinado, es capaz de despertar un cúmulo de sensaciones.

Markolino Agosto 7, 2006 a las 2:23 pm

hola..gracias por comentar en mi blog y me parece excelente..a ver si cambio el color de la letra..jajajajaja

oye el 13 de agosto estare en madrid..llego a las 9pm..

mi mail es godiesanchez@yahoo.com

gracias
besos y saludos..

Escribir un Comentario

Post anterior:

Post siguiente: