Verne, el restaurante que nos reconforta alimentando nuestra imaginación

por Lila Ortega on Diciembre 19, 2015 · 0 comentarios

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“Mire el océano, profesor. ¿No está dotado de vida real? ¿No tiene sus arrebatos de cólera y de ternura?”

Julio Verne: 20.000 leguas de viaje submarino.

Cuando me invitaron a conocer el restaurante Verne al principio no sentí nada especial, si acaso una idea vaga del tipo “ya no sabemos qué inventar” después vi las fotos del local y me pareció tan bonito que no pude resistir la curiosidad pensando que “lo temático” podría devorarse a lo “gastronómico”. Al entrar a la sala me puse en ánimo juguetón. La decoración con grandes medusas de papel en el techo y en los muros una proyección realista y colorida de fondo marino daban un ambiente peculiar y agradable. Entrar en el Nautilus fue más de lo mismo, diversión y curiosidad a partes iguales. Seguía sin esperar demasiado de la comida.

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En el recorrido por el restaurante vimos fotos de escafandras y marinos, vimos maquinaria y tuberías y los tentáculos del mítico Kraken, entrando por la nave. El camarero amable y desenvuelto y nuestro anfitrión nos hicieron sentir como en casa. La cosa no comenzaba nada mal. En las mesas cercanas a la mía había una pareja de inglés con catalana y en otra tres chicas francesas. El camarero se dirigía a ellos siempre de un modo asertivo y amable como lo hizo con nosotros todo el tiempo.

En la mesa la carta escrita a mano como un parte de la nave, en la que al lado de cada plato se especificaba la procedencia de las materias primas (un detalle que me encantó) y el precio que para comenzar me pareció bastante discreto.

Para beber pedimos cerveza artesanal Brutus: dorada y aromática, ligera y fresca. El primer platillo fue un Bloody Mery para beber con cuchara, con el punto justo de picante y alcohol y un detalle agradable y acertadísimo, berberechos preparados al vacío, en su punto de cocción y textura super agradable. La mezcla deliciosa (4,20€)

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Seguimos con una ración de boquerones en vinagre aderezados con una salsa romesco y pistachos garrapiñados (4 boquerones la ración para dos personas) que estaban muy sabrosos, el pistacho y el romesco le quitaban la acidez al vinagre habitual. Una mezcla amable. (6,35€)

La ración de patatas bravas estaba sobresaliente… con tres salsas: romesco, denso y casi dulzón, alioli con los ajos confitados que lo hacen más suave y salsa brava que como no, pica y tiene el intenso aroma de pimentón ahumado. El chef la describe como brava achorizada y entiendo porqué. El alioli ligero, suave y discreto como terciopelo y la romesco de intensidad intermedia consiguen una buena combinación de grados de intensidad. (4,50€)

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Mientras comemos comentamos complacidos la buena experiencia. Estos platillos con estos precios están haciendo un muy buen balance entre la calidad y el precio, pero llegan las 4 croquetas de pollo asado y jamón, (4,90€) hechas con la receta de la bisabuela del chef y nos enamoran… vienen acompañadas con una salsa de wasabi tan ligera que no aporta nada excepcional a las croquetas… pero es que a estas croquetas no les hace falta ningún adorno, su textura, la fritura perfecta, la bechamel densa, llena de tropezones hacen honor al homenaje del bisnieto.

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Y cuando ya me tienen convencida de que el restaurante VERNE no es un parque temático, viene el que para mi fue EL PLATO ESTRELLA de la noche: un aromático pulpo braseado con parmentier de patata y aceite ahumado. En el momento de su llegada a la mesa caigo en cuenta de que los platos en Verne tienen aromas poderosos, pero el restaurante no huele a comida… noto que durante toda la experiencia he percibido con fuerza los aromas de cada plato y me gusta. El pulpo tiene el punto de cocción ideal y la patata y el aceite le acompañan como en un vals. Santiago el fotógrafo casi no puede contenerse para hacer la foto… aguantamos con paciencia mientras dispara aunque mis manos se dirigen a la cuchara y pienso de nuevo en el kraken y en Julio Verne y su clarividencia y en la apuesta de estos restauradores que se atreven con una propuesta diferente y que consiguen que quieras jugar.

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Seguimos con unas costillas de cerdo a baja temperatura, con reducción de PX (10,20€) que están untuosas y con el sabor auténtico de la carne, que se combina con los jugos de la reducción que aparece tan solo como un beso furtivo pero apasionado.

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Para terminar un coulant de chocolate al estilo parís con helado de mandarina y decoración de dulce de leche (si, yo también estoy hasta el gorro del coulant, pero este es diferente! es casero y el helado de mandarina le va como anillo al dedo).

Después de probar estos platillos alucino con los menús: el Nemo de 15€ con 4 platos y el Nautilus que por 20€  te da 5 platos y postre con pan y copa, y entre los del segundo está también el pulpo… Es de las mejores relaciones calidad precio de mis últimos descubrimientos.

También tienen una carta de cocteles interesante y ambientazo para alargar la velada.

Ficha:

Ciudad: Barcelona
Dirección: Aribau 150
Teléfono: 637 116 723
Horario: Martes a Sábado de 20:00 a 03:00
Precio Medio: 25 carta o 15€ y 20€ si pides algunos de los menús.
A partir de Enero 18 abrirán a medio día.

 

 

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