Ménerbes: un rinconcito provenzal que huele a tomillo y a menta salvaje

por Lila Ortega on agosto 20, 2014 · 0 comentarios

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En el Luberon y a los pies de Ménerbes la tierra está como bendecida. Cada rincón es una orgía de hierbas aromáticas, tomates, calabacines, berenjenas, ciruelos, cerezos, flores, viñedos y melones.

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En Ménerbes hilvané una vez más la felicidad completa. Fui invitada a un campo discreto, con su huerto (de cultivo ecológico) y comí de los tomates que elegí de la aromática tomatera, calabacines y pimientos, berenjenas, uvas de mesa y ciruelas Claudia, jugosas y dulsísimas, también asamos trozos de solomillo con un soplete mientras miraba mi entorno y no conseguía acallar mi corazón agradecido.

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Pero Ménerbes no solo es una huerta, es un regalo arquitectónico, es uno de los pueblos más bonitos de Francia, sus casas de piedra encaramadas en la montaña con vistas al jugoso valle son cuidadosamente mantenidas sin artificio, y aunque este pueblo parece de mentira, no tiene ese tufillo de parque temático que tienen los pueblos perfectos. Aquí la gente viene a descansar en verano, muchos con grandes cantidades de dinero a instalarse en sus grandes villas, pero también, y eso lo hace rico y deseable, pobladores que aún cultivan la tierra, no en grandes latifundios sino en parcelas dignas y bien repartidas que dan al paisaje esa variedad encantadora.

En este paisaje favorecido, con algunas hortalizas y frutas de la huerta fui la mujer más rica del mundo.

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