ANDRES GASPAR: SOMORROSTRO

por Lila Ortega on abril 1, 2009 · 1 comentario

Chef del Restaurante Somorrostro.

Hay vidas intensas y vidas sosas, vidas programadas al milímetro, y otras que son como ríos con meandros, cascadas y represas. La de Andrés Gaspar. Barcelona, 1968. Ha dado giros increíbles sin llevarlo a perder el norte. “A los 18 años, un vecino me dijo que iría a la escuela de hostelería de Barcelona. Yo, que no había decidido que hacer me presenté con él a los exámenes de ingreso, sólo para ver, y aprobé mientras mi amigo quedó fuera, ahora él es un feliz arquitecto”. Un golpe de azar que ha llevado a este joven cocinero a lugares insospechados e increíbles. Primero, como jefe de compras del pabellón de Catalunya en la Expo de Sevilla “donde pude conocer a los más grandes de la cocina y que fue una experiencia memorable”. Al poco tiempo y en su búsqueda, se marchó a Inglaterra, Dinamarca, y Hamburgo, en las que trabajó en buenos restaurantes. Probó las mieles del reconocimiento pues “en el norte de Europa los cocineros teníamos un estatus especial, salarios buenos y condiciones laborales excelentes. Al volver a Barcelona me encontré un panorama muy diferente y no pude con ello” Con su buena disposición al cambio, se marchó a Mallorca para buscar destino y lo encontró de la mano del Jet Set, pues comenzó a trabajar en los yates de personajes ilustres “conocí a Claudia Shiffer, a condes y duquesas, a gente famosa y terminé trabajando en un yate de 70 metros para un empresario ruso que viajaba mucho” “Me he movido por los antros y chiringuitos de todas partes del mundo, reconociendo y probando ingredientes exóticos como insectos, gusanos, cocodrilo, especias, hierbas y frutas exóticas, con los que sorprendía a mi jefe cada día”. Aprendió mucho de su curiosidad y la experimentación. Estando en Tailandia un grave accidente lo devolvió a Mallorca tras varias operaciones. “Dije adiós a los barcos y a la vida itinerante”. “Ya no quería tanto vértigo, soy un tío muy acelerado, así que necesito un poco de calma alrededor… y la busqué en la Barceloneta, cerca del mar, y monté mi restaurante que es como mi hogar, y en el que quiero que todos se sientan en su casa” y bien que lo consigue, en Somorrostro, a plasmado su espíritu aventurero pero sesudo, y la humildad y el equilibrio de quien ha vivido y valorado la riqueza de la diferencia (cultural y gastronómica). Andrés no se mueve por dinero, sino por el gusto de hacer bien lo que sabe y compartir su bienestar. “No soy empresario, soy cocinero y me gusta mucho lo que hago” Sin duda que se nota.

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Diana abril 2, 2009 a las 11:32 am

Una vida condimentada con muchas experiencias. Me gusta el perfil humano de este hombre, al fin y al cabo, soy hija de cocinero.

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