RESTAURANTE TAPIOLES 53

por Lila Ortega on Septiembre 17, 2008 · 9 comentarios

Hace días que no cenaba en Tapioles 53. Lo echaba de menos, es un restaurante entrañable y romántico en el que probar cocina casera elevada a los templos de la restauración de calidad por las manos y la disposición creativa de Sara, que te atiende y mima como si fueras un hermano que vuelve del desierto. Por esto elegí Tapioles para cenar con unos amigos a quienes quería dar mi agradecimiento por lo mucho que me han ayudado en momentos difíciles y más que “atenderlos en un restaurante de postín de 5 tenedores” quería comunicarles afecto e intimidad, que es lo que obtienes en Tapioles a manos llenas. Con respecto a la cocina: hay siempre dos menús posibles y únicos para todos los comensales: el de tres platos o el de cinco. En cada uno puedes elegir una de las dos opciones posibles primero, segundo y postre (4 alternativas). Pedimos el de tres platos por recomendación de Sara. Con la ventaja de que al ser cuatro, pudimos probar todos los platos de la carta. De primeros, judías Kenia al dente con una salsita de parmesano especial (hecho 50% y 50% con leche de búfala y de vaca) y tomatitos cherry que era fresco y denso a la vez, el punto de cocción de las judías fresquísimas daba esa textura vegetal, jugosa y crujiente que apetece tanto en verano. El queso, aligerado en una salsa exquisita con limón y buen aceite le daba la contundencia necesaria para sentir que era un plato “de lujo” y no de “régimen”: Lourdes y yo nos miramos: era una forma exquisita y tan sencilla de hacer de un plato cotidiano algo especial que decidimos, al unisono, probar a hacerlo en casa… La otra alternativa eran unas brevas, tiernísimas, rellenas de un queso feta suave, traído especialmente del peloponeso, cocidas a fuego lento con tomillo: un plato lleno de reminisencias, pues el sabor de fruta madura estaba vivo mientras que el queso, nuevamente, aportaba densidad… Intercambiamos platos alegremente y ninguno sabía claramente con cual se quedaba aunque al final todos decidimos que los higos eran la mejor alternativa.

De segundos, raviolis de calabaza con mostaza y parmesano que tenían el punto dulce muy marcado y que contrastaban perfectamente con una espuma de queso gorgonzola que según la explicación de Sara, se preparó en frío lo que aminoró la estridencia del queso maduro. Por encima unos granos de pimienta rosa que para mi sobraban, pues es demasiado aromática e intensa y le quitaba espacio al relleno de la pasta que era sutíl y delicado como lo que sentimos al tacto de unas sábanas de algodón egipcio o de la seda en el cuello…

La otra alternativa no menos apetitosa: codornices deshuesadas sobre espinaca y arroz blanco con salsa de naranja, gengibre, clavo, pimienta negra y cardamomo con algunas chalotas enteras: que para mi resultó un poco excesiva por lo intensa, aunque el balance y la proporción de los ingredientes estaba inmejorable… es decir, nada sobresalía o acallaba el sabor de la carne del ave, nada era estridente por si sólo, pero el conjunto era altivo, como un personaje de una peli de cow boys… El arroz blanco daba alivio a la intensidad de la salsa y me permitió atemperarlo todo.

Acompañamos la cena con un Vino rosado que me sorprendió positivamente: Mas Doís 2006 de Montsant, con el final profundo, terreno y perdurable de los tintos y la frescura de un buen blanco… Perfecto para el calor.

De postres: dos galletas de chocolate caseras elaboradas con azucar moreno y con una consistencia deliciosa, rellenas de un bloque de helado de chocolate, también hecho por Sara, que era una reinvención exquisita del helado de la infancia; Un crumble de avellanas y almendras acompañado de una compota llena de trozos enormes de frutos rojos y orejones, que era fuerte, divertido, sanote como una modelo sueca; Pastel de zanahoria esponjoso y neutro, suave como una almohada de plumas, con la textura inigualable de los pasteles americanos y sorbete de piña: La pulpa de la fruta tropical soltaba, casi erótica, su aroma intenso llevándote de un golpe a las playas blancas de Hawai.

La cuenta 45€ por persona, sin el vino.

Con la cuenta, tuve que hacer algunas reflexiones pues los platos no tienen la complejidad que “justifique” el precio por persona, pero es que en tapioles 53, estás accediendo a un restaurante exclusivo y singular donde eres atendido como si fueras el único cliente. Allí probarás un tipo de cocina diferente y familiar a la vez… No es “nueva cocina creativa y moderna” es como si un día después de años de ver a tu pareja de vaqueros y camiseta, se perfuma, y se planta el frack o el traje largo y escotado que lo hace, de pronto, parecido a George Cloooney o a Claudia Schiffer… Para nosotros cuatro valió totalmente la pena y seguí pensando que Tapioles es uno de mis favoritos indiscutibles.

{ 9 comentarios… léelos a continuación o añadir uno }

canela Septiembre 18, 2008 a las 9:44 pm

Es una delicia poder disfrutar de una guía como tú en mi ciudad.
Me encanta salir a cenar a nuevos restaurantes, iré también a Tapioles.

Petonets.

canela

Lila Ortega Septiembre 19, 2008 a las 9:03 am

Te va a encantar!
Me gustaría mucho que cuando vayas a alguno de los restaurantes que os recomiendo me contaras como va!!!
Gracias Canela

delantal Septiembre 19, 2008 a las 5:19 pm

Escribes muy bien Lila, y sabes mucho de restauración y gastronomía.

Lila Septiembre 20, 2008 a las 2:48 pm

Mi querida delantal, Gracia spor tus generosas palabras!
ojalá supiera más, la verdad es que trasmito lo que siento como buena comedora jajaja gracias, de nuevo y bienvenida siempre… yo siempre te miro y aprendo de tus recetas, además tienes una voz tan dulce!

dolores Septiembre 22, 2008 a las 5:28 pm

Hola Hola!!!!
Qué rico todo!! pero me quedo con las judias verdes, los raviolis de calabaza y los postressssssss!!!!
El sitio debe ser estupendo,
besos
dolores

Su Octubre 22, 2008 a las 1:26 pm

Ay, me has trasladado ahi mismo, contigo, con las cosas de sara, que importante es traspasar ordenadores…
Un beso desde la Mancha

Lila Ortega Octubre 22, 2008 a las 4:16 pm

ay mi querida Su, hace días que no paso por webos fritos, pero siempre te recuerdo…
si, creo que los ordenadores desaparecen cuando nos encontramos alma con alma

Karlefo Diciembre 12, 2008 a las 9:29 pm

Hace unos días fui con mi pareja a cenar al Tapioles para celebrar su aniversario y nos encanto, sobretodo cuando ella se sento con nosotros en la mesa para explicarnos los platos de la carta. Es muy romántico.La selección de vinos es muy equilibrada y bien escogida. El pastel de zanahorias es fantástico, me sorprendio mucho. Gracias por tu consejos. En unos días voy a ir al Bagawoo ya te dire.

Lila Ortega Diciembre 13, 2008 a las 10:55 am

Gracias karlefo! es increible la sensación de gusto cuando me dáis retroalimentación sobre los restaurantes que os recomiendo, de verdad que te lo agradezco mucho…
Sara es pura poesía eh? voy a subir un perfil que escribí en salir urban cuando abrió el restaurante!
Un abrazo agradecido

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