LA ZAMORANA

por Lila Ortega on Marzo 28, 2008 · 0 comentarios

Ciudad: Madrid.
Dirección: Galileo 21
Teléfono: 91 447 11 69
Cierre: Lunes
Parking: De pago a media calle.
Fumadores: Zona habilitada.
Precio medio: 35€

¿Qué es Madrid? Las ciudades grandes y cosmopolitas tienen un peligro: perder su identidad. Afortunadamente hay locales como la Zamorana que han comprendido la necesidad de vincular tradición y modernidad. Al llegar a la calle Galileo verás la típica entrada de taberna y restaurante regional con sus azulejos coloristas. Al mirarlo me anticipé al ruidoso ambiente de los restaurantes castizos con su inevitable barra de tapas y los puñados de comensales de pie, el humo de tabaco, las tapas y platos mil veces repetidos entre mesas arrinconadas y pequeñitas… La imagen se me rompió en la cabeza y apareció en mi retina un espacio sereno y entrañable. Ya en la mesa, la carta me dio mucho trabajo pues promete manjares de nuestra cocina regional con otras transformaciones llamativas. Pedimos croquetas de morcilla (que en realidad son trozos de excelente morcilla de cebolla cubierta de un rebozado excepcional), patatas revolconas, ineludibles con el grado perfecto de picante, untuosas, terrenas, potentes… ideales para un día de resaca, y alcachofas fritas, muy bien desgrasadas. Mi amigo que nunca ha sido de muy buen comer, arrasó con todo mientras echaba un ojo al plato de jamón de nuestro vecino de mesa, solitario, que bebía su vino en sorbos cortos y ojos de deleite. De segundos pedimos para compartir, bacalao en tempura con tartar de tomate, presentado en trozos contundentes que al morderlos liberaban su jugosidad. La blanquísima carne brillaba bajo la crujiente capa de un rebozado inmejorable (evocándolo ahora para escribirlo) surgen imágenes eróticas que podrían ser impropias de este medio; Y arroz con liebre, con cantidades ingentes de carne deshilachada y sabrosa con un caldo tan contundente que parecía preparado para convertirse en el plato insignia del restaurante. Para mí ya lo es. De postre: trufas de chocolate hechas en la casa con el más intenso helado de naranja. Terminamos satisfechos y a pesar de la cantidad de comida, ligeros. Es que la buena cocina también se distingue por lo que sucede después del banquete. Vuelvo a la Zamorana.


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