PER BACCO

por Lila Ortega on Junio 6, 2007 · 0 comentarios

Ciudad: Madrid
Dirección: Prado, 15.
Teléfono: 91 429 28 38.
Precio medio: 40 € (a medio día menú con platos de la carta elegir 16€+IVA)

Tiene muy buenas credenciales, es hermano de Boccon divino, y aunque sabía que no tendrá decepciones en la cocina, su decoración ecléctica llena de detalles variados, no me resultaba atractiva. A pesar de ser diseño del expertísimo Ignacio García de Vinuesa me sentí en el piso de cuatro amigas solteras que en un arreglo “de justicia” hubiesen aportado todas su granito de arena en la decoración: candelabros hindúes, lámparas de techo con diseño moderno junto a los apliques de pared con lágrimas de cristal hiper clásicas, mesas y sillas muy de andar por casa (pequeñas e incómodas) y muros en amarillo yema. En otra mesa, un grupo de compañeros de oficina conversaba alegremente entre platos humeantes y aromáticos…

En contra de mis primeras impresiones estéticas sucedió que a los pocos minutos de sentarme, me sentía en un refugio especial, con una calidez ajena a muchos locales con diseño más logrado. En un rincón un par de amigas en los treinta se contaban la vida con el entusiasmo de un naufrago al pisar de nuevo tierra. Me dio gusto vislumbrar ese afecto. La luz de la tarde entraba por la ventana con tibieza especial. La carta avivó mi entusiasmo. Lo primero que llegó a mis golosas manos fue el delicioso pan de Cerdeña, tostadito, ligero y con un toque de sal más que preciso que acompañamos como Césares con delicioso parmesano, de muy buena calidad y que iba perfecto con el vino un buen Chianti Nipozzano. De nuevo para compartir, pedimos carpaccio de bacalao, que llegó a la mesa a excelente temperatura (un arte) y en corte finísimo y vitelo tonnato, poco hecho, con la salsa de anchoas justa y tan equilibrada como el mejor funambulista. Estaba ya muy satisfecha por el tamaño de las raciones pero también ligera, sin pesadez ninguna. Así que arremetí con los segundos: pastas que compartimos (mitad y mitad) y que recomiendo con vehemencia. Espaguetis amatricciana, con bacon y mariscos (langostinos y almejas) que estaban jugosos, impregnados de una salsa balanceada en todos los sentidos, y que ofrecía sensaciones variadas y alegres: la textura perfecta de la pasta de grano duro, el toque marino pero discreto, el ahumado del bacon y las notas herbales del cebollino. Aun me relamo… y, raviolis frescos con requesón, espinaca y salvia: delicados, frescos, como un descanso después de la intensidad marina y apasionada del espagueti. Para cerrar la magnífica mezcla de naranja y chocolate, en un pastelito tibio y húmedo que nos mimaba el paladar con discreción. La sobremesa se fue alargando mientras yo seguía sintiéndome en casa.


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